Hay veces que dices que sí… mientras por dentro todo grita que no.
Lo haces por costumbre. Por evitar el conflicto. Por no decepcionar. Por no parecer «demasiado» o «egoísta». Pero cada uno de esos “sí” que das a los demás es un “no” que te dices a ti. Hasta que un día te das cuenta de que ya no sabes qué quieres, qué necesitas o qué te apetece. Solo sabes que estás agotada, frustrada, vacía.
Y es que poner límites no es ser borde. Es ser honesta. Con los demás. Y contigo.
¿Por qué cuesta tanto poner límites?
Porque te educaron para complacer, no para elegir. Porque aprendiste que ser buena hija, buena amiga, buena pareja… era decir que sí aunque te costara la salud. Porque cuando dijiste que no, te hicieron sentir culpable, egoísta o rara.
En realidad, poner límites es un acto de amor propio. Pero muchas veces no te enseñaron cómo. Y menos aún, que tenías derecho a hacerlo.
Señales de que estás diciendo sí cuando deberías decir no
- Te enfadas por dentro, pero sonríes por fuera.
- Te sientes responsable de las emociones de los demás.
- Te cuesta mucho decir que no sin justificarte.
- Después de aceptar algo, te invade la rabia o la tristeza.
- Te sientes usada, pero también culpable por pensarlo.
¿Y si aprender a poner límites fuera la forma de volver a ti?
En terapia hablamos mucho de esto. Porque no se trata solo de aprender frases asertivas. Se trata de darte permiso para ocuparte de ti. De entender que un «no» a tiempo puede salvarte de años de agotamiento emocional.
En Dharma te acompañamos a revisar por qué te cuesta tanto decir “no”, cómo sostenerlo sin culpa y cómo recuperar esa parte de ti que siempre queda al final de la lista.
Psicología Dharma
