
Escrito y revisado por Sara Berrocal, Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº 2482
Puede que te lo haya dicho alguien. O que lo leyeras por ahí y se te quedara la frase dando vueltas. En cualquier caso, lo primero que hay que aclarar es que el apego evitativo no es un diagnóstico. Es una manera de describir cómo aprendiste a manejar la cercanía cuando la cercanía no siempre estaba.
Y lo segundo cambia bastante las cosas. La persona con apego evitativo sí siente. Lo que pasa es que dedica una cantidad enorme de energía a no notarlo.
¿Qué es el apego evitativo?
Es un patrón de relación marcado por la incomodidad con la intimidad, la desconfianza en que los demás vayan a estar cuando hagan falta y una autosuficiencia muy alta. Quien funciona así mantiene las distancias, cuenta poco de lo suyo y resuelve el malestar por su cuenta.
La teoría del apego la formuló John Bowlby y la llevó al laboratorio Mary Ainsworth. En los años setenta describió el patrón evitativo en bebés con la Situación Extraña. Eran niños que apenas protestaban cuando su madre salía de la sala y que la ignoraban al volver, aunque sus registros fisiológicos contaran otra historia. Por dentro estaban activados.
Hoy la investigación ya casi no habla de tipos, sino de dimensiones. Fraley y Waller (1998) y después Fraley y Spieker (2003, Developmental Psychology) demostraron que la variación en el apego es continua y no categorial. Nadie es evitativo igual que es del grupo sanguíneo A. Puntúas más alto o más bajo en dos ejes, ansiedad y evitación, y esas puntuaciones se mueven.
¿Es lo mismo apego evitativo que apego evitativo temeroso?
No. Son dos perfiles distintos y se confunden todo el rato, sobre todo en el contenido en español. Por eso hay tanta gente que se pone la etiqueta equivocada.
Bartholomew y Horowitz (1991, Journal of Personality and Social Psychology) los ordenaron cruzando dos ejes, cómo te ves a ti y cómo ves a los demás.
| Modelo de los otros positivo | Modelo de los otros negativo | |
|---|---|---|
| Modelo del sí mismo positivo | Seguro. Cómodo con la cercanía y con la autonomía | Evitativo o desestimante. Se basta solo y quita valor a los vínculos |
| Modelo del sí mismo negativo | Preocupado. Necesita confirmación constante | Evitativo temeroso. Quiere la cercanía y a la vez la teme |
El evitativo desestimante es al que nos referimos casi siempre cuando decimos evitativo a secas. Aparenta una autoestima sólida y resta importancia a las relaciones. No necesito a nadie. El temeroso quiere el vínculo pero le da miedo, así que junta mucha ansiedad con mucha evitación. Su manera de funcionar se parece a lo que en investigación llaman apego desorganizado y suele venir de historias de trauma.
No es un matiz académico. El trabajo terapéutico con uno y con otro no se parece en nada.
¿Por qué se desarrolla el apego evitativo?
Porque las señales de malestar del niño se topan una y otra vez con rechazo, incomodidad o ausencia emocional. Y el niño saca una conclusión razonable. Pedir no sirve. Así que deja de pedir.
El dato más citado viene del Estudio Longitudinal de Minnesota (Sroufe, Egeland, Carlson y Collins, 2005), que siguió a 267 díadas madre-bebé durante décadas. Entre los cuidadores clasificados como psicológicamente no disponibles, el 86 % de los bebés era evitativo a los 18 meses. Main y Stadtman ya habían relacionado en 1981 la aversión materna al contacto físico con la evitación bajo estrés.
Dos aclaraciones para no caer en la culpa fácil.
La crianza no lo explica todo. Pesan también el temperamento, la genética y la cultura. Los estudios alemanes de Grossmann encontraron muchísimos bebés evitativos, y los propios autores lo atribuyeron a lo que se esperaba de un niño en la Alemania de los setenta, no a padres que rechazaran.
Y lo que se hereda no se hereda entero. Van IJzendoorn (1995) confirmó que las representaciones de apego pasan de padres a hijos. Pero Verhage y su equipo revisaron el asunto en 2016 con 95 muestras y 4.819 participantes, y los efectos salieron más flojos de lo que se pensaba, r = .31, con un hueco que la sensibilidad de los padres no acaba de llenar.
¿Qué son las estrategias de desactivación?
Son el motor del apego evitativo. Maniobras automáticas que apagan el sistema de apego justo cuando se enciende. Mikulincer y Shaver las describieron como negar lo que uno necesita, suprimir los pensamientos que molestan, poner distancia y volverse autosuficiente casi por obligación.
En la vida real tienen esta pinta. Cambiar de tema cuando la charla se pone íntima. No acordarse de casi nada de la infancia. Sentir de golpe unas ganas enormes de alejarse justo cuando la relación va bien. O hablar de los propios padres con palabras estupendas y no ser capaz de recordar una sola escena que lo respalde. Esto último, en la Adult Attachment Interview, es un marcador de manual.
¿Significa que la persona evitativa no siente?
No. Y aquí está lo que más nos interesa en consulta, porque tira abajo el mito más repetido.
Mikulincer, Dolev y Shaver (2004) montaron un experimento. Pedían a los participantes que no pensaran en una ruptura y luego les ponían una tarea mental. Con poca carga, los que puntuaban alto en evitación suprimían sin despeinarse y mantenían una imagen positiva de sí mismos. Con mucha carga, se les caía todo. Los pensamientos de separación entraban solos y detrás llegaban las representaciones negativas.
Dozier y Kobak habían visto algo parecido antes. Al hablar de separaciones, estas personas decían no sentir nada mientras su conductancia de la piel se disparaba. El cuerpo iba por un lado y las palabras por otro.
O sea que las defensas evitativas no son sólidas. Cuestan esfuerzo y aguantan mientras haya gasolina. Cuando llega el agotamiento, una crisis o una pérdida, se vienen abajo. Por eso mucha gente con este patrón aparece en consulta después de un divorcio, un duelo o un burnout. Antes no.
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¿Cómo se manifiesta el apego evitativo en la pareja?
Como distancia. Cuesta contar lo que se siente y hace falta mucho espacio propio. La otra persona suele leerlo como frialdad o desinterés, cuando en realidad es una armadura.
El patrón clásico es el ciclo perseguidor-distanciador. Uno busca cercanía y confirmación, el otro se retira ante la demanda, y cuanto más persigue el primero más se aparta el segundo. Nadie se está portando mal. Cada uno tira de la estrategia que aprendió.
Overall, Pietromonaco y Simpson (2022, Nature Reviews Psychology) describen dos cosas que ocurren aquí. Una pareja puede amortiguar la inseguridad del otro si ofrece apoyo sin invadir. Y también pasa lo contrario, que lo que se activa en una discusión termina derramándose sobre el resto de la vida familiar.
Si te suena el ciclo, es de lo que más trabajamos en terapia de pareja.
Estamos en Torremolinos y en Rincón de la Victoria, y también atendemos online. Si quieres verlo con una psicóloga colegiada, escríbenos y lo hablamos.
¿Afecta el apego evitativo a la sexualidad?
Sí. Tiende a separar el sexo del vínculo. Birnbaum y sus colegas (2006, Journal of Personality and Social Psychology) encontraron que la evitación va asociada a pensamientos y emociones sexuales más aversivos y a esquivar la intimidad durante el encuentro.
En su estudio de diario pasó algo curioso. En las personas con alta evitación, el sexo dejaba de tener el efecto que suele tener sobre la relación. Ni la mejoraba cuando iba bien ni la empeoraba cuando iba mal. Estaba desconectado.
Llega a consulta más a menudo de lo que parece, y se trabaja en sexología clínica, en individual o en pareja.
¿Se puede cambiar el apego evitativo?
Sí, pero despacio. Hay que decirlo tal cual, porque prometer transformaciones rápidas sería mentir.
La estabilidad del apego es media. El metaanálisis de Fraley (2002, Personality and Social Psychology Review) la situó en torno a r = .39 entre la infancia y la edad adulta. Hay continuidad, y también margen de sobra para moverse.
Y hay evidencia de que ese movimiento ocurre en terapia. Levy y su equipo (2006, Journal of Consulting and Clinical Psychology) repartieron al azar a 90 pacientes entre tres tratamientos durante un año. Solo uno de los tres aumentó de forma significativa el número de personas clasificadas como seguras, y además mejoró su coherencia narrativa y su capacidad de mentalizar. No da igual qué terapia.
Existe también la seguridad adquirida, que es como se llama a construir un modo seguro de relacionarse pese a una historia dura. Roisman y sus colegas (2002, Child Development) la estudiaron y encontraron algo que da que pensar. Casi nunca se levanta en soledad. Se apoya en relaciones posteriores que la sostienen. La terapia puede ser una de ellas.
¿Cómo se trabaja el apego evitativo en terapia?
Despacio y sin empujar. Ahí se rompen muchos procesos, y hay investigación que lo explica.
Dozier (1990) vio que la evitación predice pedir menos ayuda, rechazar más la que se ofrece y contar menos en sesión. Tasca y su equipo (2004, 2006) sumaron un dato incómodo, que también se abandona más la terapia. En la práctica significa que si en las primeras sesiones aprietas a una persona evitativa para que se abra, no vuelve.
Robert Muller (2009, Psychotherapy) planteó otra cosa. En vez de pelear contra la evitación, validarla como lo que fue, una estrategia que protegió. Usar los síntomas de ahora como motor. Trabajar con la ambivalencia y no contra ella. Y encender el sistema de apego poco a poco, con preguntas que abran en lugar de exigir.
Hay una buena noticia. La evitación complica la entrada, pero el metaanálisis de Levy y colaboradores (2018, Journal of Clinical Psychology), con 36 estudios y 3.158 pacientes, encontró que apenas se relaciona con el resultado final. Cuesta arrancar. No cuesta avanzar.
Sobre enfoques, la Terapia Focalizada en las Emociones tiene una base sólida en pareja y va directa al ciclo perseguidor-distanciador. El tratamiento basado en la mentalización entrena la capacidad de leerse por dentro. Y la psicoterapia informada por el apego usa la propia relación con el terapeuta como base segura.
Trabajamos los estilos de apego en terapia
En terapia individual y de pareja, en Torremolinos, en Rincón de la Victoria y también online. Si algo de lo que has leído te ha resonado, lo vemos contigo en una primera sesión.
Preguntas frecuentes
¿El apego evitativo se cura?
No es una enfermedad, así que no se cura, se trabaja. El apego es moderadamente estable y a la vez modificable, y puede ir hacia formas más seguras de relacionarse.
¿El apego evitativo es lo mismo que el narcisismo?
No. Comparten alguna defensa, pero son cosas distintas. Es uno de los errores más repetidos en redes.
¿Sirven los tests de apego que circulan por internet?
Para empezar a pensar sobre ti, pueden servir. Como evaluación, no. No son los instrumentos que se usan en investigación y no tienen propiedades psicométricas contrastadas.
¿Cuánto dura el proceso terapéutico?
Depende de cada persona y de lo que quiera trabajar. En los estudios que documentan cambios en el estilo de apego, los tratamientos duraron alrededor de un año.
¿Puede una persona con apego evitativo tener una relación estable?
Sí. El estilo de apego marca una tendencia, no un destino, y mucha gente evitativa mantiene relaciones largas. Lo que más suele costar es la intimidad emocional dentro de esa relación.
Bibliografía
Bartholomew, K. y Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults. A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226-244.
Birnbaum, G. E. et al. (2006). When sex is more than just sex. Journal of Personality and Social Psychology, 91(5), 929-943.
Dozier, M. (1990). Attachment organization and treatment use for adults with serious psychopathological disorders. Development and Psychopathology, 2(1), 47-60.
Fraley, R. C. (2002). Attachment stability from infancy to adulthood. Personality and Social Psychology Review, 6(2), 123-151.
Fraley, R. C. y Spieker, S. J. (2003). Are infant attachment patterns continuously or categorically distributed? Developmental Psychology, 39(3), 387-404.
Levy, K. N. et al. (2006). Change in attachment patterns and reflective function in a randomized control trial. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 74(6), 1027-1040.
Levy, K. N., Kivity, Y., Johnson, B. N. y Gooch, C. V. (2018). Adult attachment as a predictor and moderator of psychotherapy outcome. Journal of Clinical Psychology, 74(11), 1996-2013.
Mikulincer, M., Dolev, T. y Shaver, P. R. (2004). Attachment-related strategies during thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 87(6), 940-956.
Muller, R. T. (2009). Trauma and dismissing (avoidant) attachment. Intervention strategies in individual psychotherapy. Psychotherapy, 46(1), 68-81.
Overall, N. C., Pietromonaco, P. R. y Simpson, J. A. (2022). Buffering and spillover of adult attachment insecurity in couple and family relationships. Nature Reviews Psychology, 1, 101-111.
Roisman, G. I. et al. (2002). Earned-secure attachment status in retrospect and prospect. Child Development, 73(4), 1204-1219.
Sroufe, L. A., Egeland, B., Carlson, E. A. y Collins, W. A. (2005). The development of the person. The Minnesota study of risk and adaptation from birth to adulthood. Guilford Press.
Verhage, M. L. et al. (2016). Narrowing the transmission gap. Psychological Bulletin, 142(4), 337-366.

Sara Berrocal
Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº 2482
Dirige Psicología Dharma, con consulta en Torremolinos y Rincón de la Victoria. Trabaja con población adulta en ansiedad, vínculos y procesos de cambio personal. Ver perfil completo
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