Te lo dijeron tantas veces que al final te lo creíste: «eres tan fuerte», «tú puedes con todo», «eres de las que tiran pa’lante».
Y tú lo hiciste. Fuiste fuerte. Sostuviste. Cuidaste. Resolvías mientras sonreías. Aguantabas porque no sabías cómo pedir que alguien te sostuviera a ti.
Hasta que un día el cuerpo dijo basta. Hasta que lloraste sola sin entender por qué. Hasta que la cabeza ya no dio más de sí, aunque la agenda siguiera llena.
La fuerza mal entendida
Ser fuerte no es no romperse. Es saber cuándo parar. Cuándo soltar. Cuándo decir «yo también necesito ayuda».
En Dharma vemos todos los días mujeres que han vivido toda la vida desde el «tengo que» y el «yo puedo». Mujeres agotadas, hipervigilantes, con el corazón apretado. Que están cansadas de no poder caerse, porque sienten que si lo hacen, nadie estará para levantarlas.
¿Y si no tuvieras que sostener todo tú sola?
El acompañamiento no es debilidad. Es respeto por tus límites. Es ternura con tu historia. Es un espacio donde puedes, por fin, dejar de ser fuerte y empezar a ser tú, con todo lo que eso implica: con lo que duele, con lo que pesa, con lo que nunca dijiste.
Terapia no es rendirse. Es sostenerte de otra forma.
Psicología Dharma
