Hay días que no sabes si estás triste, cansada o simplemente harta. No ha pasado nada en concreto. Tienes trabajo, salud, amistades… y aun así sientes que algo no está bien.
Ese «algo» no siempre tiene nombre. No aparece en los manuales. No lo puedes explicar con claridad cuando te preguntan «¿estás bien?», y por eso a veces lo dejas pasar. Pero lo sientes. Como un ruido de fondo que nunca se apaga del todo.
No hace falta estar rota para necesitar cuidado
Muchas personas piensan que ir a terapia es solo para cuando todo se derrumba. Pero a veces, lo que necesitas es simplemente un lugar donde poder aflojar. Donde no tengas que estar «bien» para ser escuchada. Donde puedas nombrar eso que no sabes ni cómo explicar.
En Dharma recibimos cada día a personas que llegan diciendo:
- «No sé si esto es para mí.»
- «No me ha pasado nada grave, pero…»
- «Siento que estoy sobreviviendo, no viviendo.»
Y eso ya es motivo suficiente.
A veces, el mayor acto de autocuidado es darte permiso
Permiso para no estar al 100%. Para no entenderte del todo. Para pedir ayuda aunque «parezca que no deberías necesitarla».
Terapia también es eso: un espacio donde no tienes que rendir cuentas. Solo estar. Solo explorar. Solo ser tú, sin filtros.
¿Y si este malestar sin nombre es tu forma de decirte que necesitas parar?
Psicología Dharma
