
Escrito y revisado por Sara Berrocal, Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº 2482
Si alguna vez te has quedado mirando el móvil esperando una respuesta que no llega, o has repasado la última conversación buscando qué dijiste mal, es probable que el término apego ansioso te suene más de lo que te gustaría. Está por todas partes en redes y casi siempre se usa mal, como sinónimo de ser intensa o de querer demasiado.
Lo que cuenta la investigación es bastante más interesante. Y hay un dato que cambia cómo se mira todo esto. La persona con apego ansioso no se lo está inventando. En los momentos en que siente que la relación peligra, a veces lee a su pareja con más precisión que nadie. Lo que le hace daño es lo caro que le sale estar vigilando todo el rato.
¿Qué es el apego ansioso?
Es una forma de vincularse marcada por el miedo al abandono, la necesidad de confirmación constante y una atención muy alta a cualquier señal de distancia en la otra persona. Quien funciona así suele verse a sí misma como poco valiosa y a los demás como la fuente de esa valía, así que en cada relación siente que se juega mucho.
Bartholomew y Horowitz (1991) lo describieron como la combinación de una imagen negativa de uno mismo y una imagen positiva de los otros. Es justo el reverso del apego evitativo, donde la persona se basta sola y le quita importancia a los vínculos.
Como pasa con el resto de estilos, hoy se mide como un continuo. Brennan, Clark y Shaver (1998) reunieron todas las escalas que existían y encontraron dos dimensiones de fondo, la ansiedad de apego y la evitación. Todo el mundo puntúa en algún punto de las dos. Cuando hablamos de apego ansioso hablamos de alguien con la ansiedad alta y la evitación baja, no de una categoría cerrada en la que se entra o no se entra.
¿Es lo mismo apego ansioso que dependencia emocional?
No, aunque se parecen y se confunden a menudo. El apego ansioso es un estilo, una manera general de funcionar en las relaciones cercanas. La dependencia emocional se refiere más a lo que ocurre dentro de una relación concreta, cuando la vida entera empieza a girar alrededor de la otra persona.
Tampoco es un trastorno. El apego preocupado aparece con más frecuencia en algunos cuadros clínicos, como la depresión o el trastorno límite de la personalidad (Bakermans-Kranenburg y van IJzendoorn, 2009), pero la mayoría de personas con mucha ansiedad de apego no tienen nada diagnosticable. Tienen una forma de querer que les cuesta mucho y que se puede trabajar.
¿Cuánta gente tiene apego ansioso?
Menos de lo que parece si se mira TikTok. En la única muestra representativa de toda la población de Estados Unidos, con más de 8.000 personas, el 59 % se describía como seguro, el 25 % como evitativo y el 11 % como ansioso (Mickelson, Kessler y Shaver, 1997). Con la Adult Attachment Interview, que evalúa el apego a través de una entrevista larga y no de un cuestionario, el apego preocupado ronda el 19 % en población no clínica (Bakermans-Kranenburg y van IJzendoorn, 2009).
Sobre el sexo hay un matiz que merece la pena conocer. El metaanálisis de Del Giudice (2011), con más de 66.000 personas, encontró que las mujeres puntúan algo más alto en ansiedad y los hombres algo más alto en evitación. La diferencia existe, pero es pequeña. Que en redes el apego ansioso se asocie casi siempre a mujeres dice más del estereotipo que de los datos.
¿Por qué se desarrolla el apego ansioso?
La explicación clásica apunta a un cuidado inconsistente. Un adulto que unas veces responde y otras no, sin que el niño pueda prever cuándo. Cassidy y Berlin (1994) lo describieron así. Ante una atención intermitente, el niño aprende a subir el volumen de su malestar para no perderla. Llora más, protesta más, se agarra más. Es una estrategia muy lógica cuando la disponibilidad del otro funciona como una lotería.
Las propias autoras reconocían que esa relación causal estaba poco probada de forma directa, y la investigación posterior añadió un matiz importante. Los estudios con gemelos atribuyen a la genética en torno al 45 % de la variación en ansiedad de apego adulta (Donnellan, Burt, Levendosky y Klump, 2008; Picardi y cols., 2011). Y lo que explica el resto no es tanto la crianza compartida con los hermanos como las experiencias propias de cada uno, las relaciones que se van teniendo a lo largo de la vida.
Así que la frase «es culpa de tus padres» se queda corta. La crianza cuenta, pero no lo explica todo.
¿Qué pasa por dentro cuando se activa?
Mikulincer y Shaver llamaron a este mecanismo hiperactivación del sistema de apego. Cuando la persona percibe que el vínculo puede estar en riesgo, la alarma se enciende al máximo y se queda encendida. Aparece una vigilancia constante de las señales del otro, cuesta mucho soltar los pensamientos negativos y surge la necesidad urgente de hacer algo para recuperar la cercanía. Escribir, preguntar, insistir.
Downey y Feldman (1996) estudiaron un rasgo muy relacionado, la sensibilidad al rechazo. Las personas que esperan ser rechazadas lo detectan con más facilidad en gestos ambiguos, un mensaje seco, una respuesta que tarda, y reaccionan con más intensidad. Esa reacción tensa la relación, y así, sin quererlo, se acaba provocando parte de lo que se temía.
En el cerebro, un metaanálisis de doce estudios de neuroimagen asoció la ansiedad de apego a una mayor activación de la amígdala ante estímulos emocionales (Ran y Zhang, 2018). Son pocos estudios y conviene no exagerarlo, pero encaja con todo lo anterior. Es una alarma con el umbral muy bajo.
¿Se lo está imaginando?
Aquí está el hallazgo que más nos interesa en consulta, porque desmonta el reproche que más escuchan estas personas. Estás exagerando. Te lo estás inventando.
Simpson, Ickes y Grich (1999) llevaron parejas al laboratorio y crearon una situación que amenazaba la relación. Juntos, cada miembro valoraba fotos de personas muy atractivas que podían ser posibles citas. Después tenían que adivinar qué había estado pensando y sintiendo el otro. Las mujeres con más ansiedad de apego acertaron más que las demás. Leían mejor a su pareja justo en el momento en que lo que veían más daño les podía hacer. Trabajos posteriores del mismo equipo van en la misma dirección (Simpson y cols., 2011).
Esto no quiere decir que todo lo que percibe una persona ansiosa sea cierto. Quiere decir que su radar funciona, y funciona de más. Capta cosas reales, las amplifica y no sabe apagarse. Las personas seguras también leen bien a su pareja, pero sin pagar ese precio.
A muchas pacientes entender esto les quita un peso de encima. No se lo están inventando. Están agotadas de estar en guardia.
Estamos en Torremolinos y en Rincón de la Victoria, y también atendemos online. Si quieres verlo con una psicóloga colegiada, escríbenos y lo hablamos.
¿Cómo se nota el apego ansioso en la pareja?
Suele aparecer como necesidad de confirmación. Preguntar si todo va bien, si todavía te quiere, si está enfadado. También como celos, como vigilancia o como protesta cuando el otro se aleja, que unas veces sale en forma de enfado y otras en forma de silencio dolido.
El móvil lo ha complicado bastante. En un estudio que siguió durante dos años a más de trescientas personas jóvenes en pareja, la ansiedad de apego se relacionaba con menos satisfacción en la relación, y buena parte de ese efecto pasaba por los celos en redes y la vigilancia electrónica. Mirar la última conexión, revisar a quién sigue, releer conversaciones (Métellus y cols., 2025).
Y luego está el ciclo perseguidor-distanciador. Si la pareja tiene un apego más evitativo, cada intento de acercarse se vive como presión y provoca retirada. Esa retirada confirma el miedo al abandono y dispara más búsqueda. Lo contamos
con detalle en el artículo sobre el apego evitativo, porque es el mismo ciclo visto desde el otro lado.
Es uno de los motivos de consulta más frecuentes en terapia de pareja.
¿Y en la sexualidad?
También ahí se nota. Con mucha ansiedad de apego, el sexo se vive a menudo de forma ambivalente. Es una manera de sentirse cerca y querida, y a la vez viene cargado de preocupación por cómo sale y por lo que significa. Birnbaum y sus colegas (2006) siguieron a parejas durante varias semanas con un diario y vieron que en estas personas cada encuentro sexual pesaba más en cómo se sentían con la relación al día siguiente, para bien y para mal. El sexo acaba funcionando como un termómetro del vínculo.
Eso hace más difícil decir que no cuando no apetece, o disfrutar sin estar pendiente de la otra persona. Es algo que trabajamos en sexología clínica, en individual o en pareja.
¿Qué pasa cuando llega una ruptura?
Es probablemente el momento en que más se sufre. Davis, Shaver y Vernon (2003) preguntaron a más de 5.000 personas cómo habían vivido su última ruptura. La ansiedad de apego predecía más preocupación por la expareja, un malestar físico y emocional más fuerte, más intentos de volver y más enfado. También más recurso al alcohol y a otras sustancias para aguantar.
Que una ruptura duela así no tiene nada que ver con la debilidad. Es el sistema de apego haciendo lo que aprendió, pelear por no perder el vínculo, justo cuando ya no queda vínculo por el que pelear.
¿Se puede cambiar el apego ansioso?
Sí, y hay dos líneas de evidencia que lo sostienen.
La primera es que la ansiedad de apego tiende a bajar con los años. Chopik, Edelstein y Grimm (2019) analizaron datos de miles de personas de todas las edades y vieron que suele ser más alta en la juventud y va descendiendo en la mediana edad y la vejez. Tener una relación estable también se asociaba a menos ansiedad.
La segunda es que cambia con la terapia. La revisión de Taylor, Rietzschel, Danquah y Berry (2015) reunió catorce estudios y encontró que, tras un proceso psicológico, la seguridad aumentaba y la ansiedad de apego disminuía. En terapia de pareja focalizada en las emociones, Wiebe y su equipo (2017) comprobaron que la ansiedad de apego seguía bajando dos años después de terminar.
No se arregla en treinta días ni con un curso online. Pero tampoco es una condena.
¿Cómo se trabaja el apego ansioso en terapia?
Con estructura, con paciencia y sabiendo desde el principio que puede costar. El metaanálisis de Levy, Ellison, Scott y Bernecker (2011) encontró que la ansiedad de apego se asocia a peores resultados de partida en psicoterapia, con un tamaño de efecto de −0,46. La actualización de 2018, con 36 estudios y más de 3.000 pacientes, confirma que quien empieza con más seguridad avanza más.
Nos parece importante contarlo porque explica cosas que pasan en consulta. La persona ansiosa suele engancharse rápido a la relación terapéutica, puede vivir con angustia unas vacaciones de su terapeuta o el final del proceso, y a veces busca en la terapia la misma confirmación que busca en la pareja. Todo eso se trabaja, y de hecho es material muy valioso.
En la práctica, el trabajo gira alrededor de tres cosas. Aprender a regular la activación sin depender de que otra persona la calme. Poner el foco en una misma y no solo en la relación, en qué quiere, qué necesita, qué le importa. Y cambiar la forma de hablarse. La autocompasión media la relación entre la ansiedad de apego y el bienestar (Wei, Liao, Ku y Shaffer, 2011), y tratarse con menos dureza rebaja buena parte del miedo a no ser suficiente.
Según el caso, trabajamos en terapia individual, en terapia de pareja focalizada en las emociones cuando el ciclo se da dentro de la relación, o con enfoques centrados en la regulación emocional cuando la intensidad es muy alta. Lo que se busca es lo que la investigación llama seguridad adquirida, llegar a relacionarse de forma segura aunque no se haya partido de ahí.
Trabajamos los estilos de apego en terapia
En terapia individual y de pareja, en Torremolinos, en Rincón de la Victoria y también online. Si algo de lo que has leído te ha resonado, lo vemos contigo en una primera sesión.
Preguntas frecuentes
¿El apego ansioso se cura?
No es una enfermedad, así que no se cura, se trabaja. La ansiedad de apego tiende a bajar con la edad y con la terapia, y puede evolucionar hacia formas más seguras de relacionarse.
¿Los ansiosos y los evitativos siempre se atraen?
Hay algo de verdad, pero no es una ley. Kirkpatrick y Davis (1994) vieron que las parejas formadas por un hombre evitativo y una mujer ansiosa eran estables pero poco satisfechas. Otros estudios muestran que mucha gente se empareja con personas de estilo parecido al suyo.
¿El apego ansioso es cosa de mujeres?
No. Las mujeres puntúan algo más alto en ansiedad de apego, pero la diferencia es pequeña y hay muchísimos hombres con este patrón. La etiqueta se aplica a mujeres mucho más de lo que justifican los datos.
¿Necesito una pareja con apego seguro para mejorar?
Ayuda. Una pareja segura puede amortiguar las reacciones ansiosas (Simpson y Overall, 2014). Pero no es la única vía ni depende solo del otro. La terapia y el trabajo con la propia regulación también cambian el patrón.
¿Sirven los tests de apego de internet?
Para empezar a pensar en ello, pueden servir. Como evaluación, no. En España existen instrumentos validados, como la versión española del cuestionario ECR (Alonso-Arbiol, Balluerka y Shaver, 2007), pero su interpretación corresponde a un profesional.
Bibliografía
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Bartholomew, K. y Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults. A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226-244.
Birnbaum, G. E., Reis, H. T., Mikulincer, M., Gillath, O. y Orpaz, A. (2006). When sex is more than just sex. Journal of Personality and Social Psychology, 91(5), 929-943.
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Sara Berrocal
Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº 2482
Dirige Psicología Dharma, con consulta en Torremolinos y Rincón de la Victoria. Trabaja con población adulta en ansiedad, vínculos y procesos de cambio personal. Ver perfil completo
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