
Escrito y revisado por Sara Berrocal, Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº 2482
Si estás leyendo esto, probablemente hubo un principio muy bueno. Alguien seguro de sí mismo, divertido, que te hacía sentir la persona más especial del mundo. Y después, poco a poco, algo cambió. Llegaron las críticas, los silencios, la sensación de que nada de lo que hacías era suficiente y la duda constante sobre si estabas exagerando.
Hay un dato que conviene conocer desde el principio. Lo que te enamoró y lo que luego te hizo daño forman parte del mismo patrón. La investigación lo ha medido, y saberlo ayuda a quitarse de encima una culpa que no te corresponde.
Antes de seguir, una aclaración importante. En este artículo hablamos de rasgos y dinámicas narcisistas, no de diagnósticos. Nadie puede diagnosticar a una persona sin evaluarla, y tampoco hace falta para entender lo que has vivido. Lo que importa aquí eres tú.
¿Qué es el narcisismo y qué no es?
El narcisismo es un rasgo de personalidad que todo el mundo tiene en algún grado. El trastorno narcisista de la personalidad es otra cosa, un patrón rígido de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía que atraviesa todos los ámbitos de la vida. Según la revisión de Weinberg y Ronningstam (2022), afecta a entre el 1 y el 2 % de la población general.
Circula mucho una cifra del 6,2 %, pero sale de un único estudio estadounidense (Stinson y cols., 2008) que no se ha replicado en otros países. La idea de que vivimos rodeados de narcisistas no se sostiene, y Freestone, Osman e Ibrahim (2020) advierten de que el término se usa ya tanto que ha perdido su significado clínico.
La investigación distingue además dos caras. El narcisismo grandioso es el más reconocible, seguro, encantador y hambriento de admiración. El vulnerable cuesta más de ver, con hipersensibilidad a la crítica, resentimiento e inseguridad. Lo que en redes se llama narcisismo encubierto corresponde en la literatura científica a esta segunda cara.
Tampoco es tan cosa de hombres como se suele dar a entender. El metaanálisis de Grijalva y cols. (2015), con más de 470.000 personas, encontró que ellos puntúan algo más alto, pero con una diferencia pequeña.
¿Por qué resulta tan atractiva una persona así al principio?
Porque los rasgos narcisistas funcionan muy bien en las primeras impresiones. Back, Schmukle y Egloff (2010) pidieron a un grupo de estudiantes que se presentaran brevemente y se puntuaran entre sí. Quienes tenían más rasgos narcisistas salieron los más populares, gracias a un aspecto cuidado, un lenguaje corporal seguro, gestos encantadores y sentido del humor.
Lo más llamativo vino después. Los aspectos del narcisismo que más daño hacen a largo plazo, la tendencia a aprovecharse de los demás y la sensación de merecerlo todo, eran justo los que más atraían en ese primer contacto.
Así que si te enamoraste de alguien así, no fue ingenuidad ni mal ojo. Le pasa a casi todo el mundo. Leckelt y su equipo (2015) comprobaron además que esa popularidad se va desgastando a medida que las personas se conocen de verdad.
¿Cómo cambia la relación con el tiempo?
Suele pasar de la admiración a la crítica. Wurst y cols. (2017) lo explicaron con siete estudios y más de 3.500 personas. El narcisismo tiene una vía que busca ser admirado, la que seduce al principio, y otra que protege la autoimagen rebajando a los demás, a la que llamaron rivalidad. La primera explica el éxito de las primeras citas. La segunda explica los conflictos, las comparaciones y el desprecio que aparecen cuando la relación se asienta.
Campbell, Foster y Finkel (2002) añadieron otra pieza. Las personas con más rasgos narcisistas tienden a vivir el amor como un juego, con menos compromiso y más pendientes de otras opciones, algo que confirmaron sus propias parejas. De ahí esa sensación tan frecuente de no saber nunca en qué punto está la relación.
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¿Por qué a veces parece frágil y da pena?
Porque muchas veces las dos caras aparecen en la misma persona. Day, Townsend y Grenyer (2020) pidieron a 436 parejas, exparejas y familiares que describieran a su allegado. El 69 % habló a la vez de rasgos grandiosos, como la arrogancia o la necesidad de admiración, y de rasgos vulnerables, como la inseguridad, el vacío o el sentirse siempre la víctima.
En los relatos se repite una escena. Alguien que humilla y que, cuando por fin le plantas cara, se derrumba, pide perdón y parece más frágil que tú. Esa oscilación despierta pena y culpa, y hace muy difícil ver con claridad lo que está pasando. Entenderla ayuda a no confundir la compasión con un motivo para quedarse.
¿Qué es la luz de gas y cómo se reconoce?
Es una forma de manipulación que busca que dudes de tu propia percepción. Sweet (2019) entrevistó durante un año a 43 mujeres que habían sufrido violencia en la pareja y la describió como un patrón sostenido, no como un desacuerdo puntual ni como recordar un mismo hecho de forma distinta. Te hacen sentir que exageras, que te lo inventas o que la del problema eres tú, y a menudo se apoya en estereotipos que asocian a las mujeres con la irracionalidad.
Muy cerca está lo que Jennifer Freyd bautizó como DARVO, las siglas en inglés de negar, atacar e invertir los papeles de víctima y agresor. Harsey, Zurbriggen y Freyd (2017) encontraron que el 72 % de las personas lo había vivido al reclamar un daño, y que cuanto más se repetía, más se culpaban a sí mismas.
Si llevas tiempo pidiendo perdón por cosas que no tienes claro haber hecho, merece la pena pararse ahí.
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¿Por qué cuesta tanto irse o dejar de pensar en esa persona?
Por cómo funciona la relación, no por falta de carácter. Dutton y Painter (1993) estudiaron a 75 mujeres que acababan de salir de una relación de maltrato y vieron que el apego seguía siendo fuerte cuando se daban dos condiciones, un desequilibrio de poder y una alternancia impredecible entre buen y mal trato. Seis meses después de separarse, ese apego solo había bajado un 27 %.
Esa alternancia es la clave. Los momentos buenos, que llegan cuando menos te lo esperas, enganchan mucho más que un trato constante. Por eso duele tanto echar de menos a alguien que te hacía daño, y por eso no tiene nada de raro.
A esto se suman razones muy concretas. El modelo de Rusbult y Martz (1995), estudiado con mujeres que habían acudido a casas de acogida, mostró que se permanece más cuando hay pocas alternativas económicas, mucho invertido en la relación, como hijos o años de vida en común, y cuando la insatisfacción se ha ido normalizando.
Quizá hayas leído que hacen falta siete intentos para salir de una relación así. Es una cifra que circula mucho, pero no procede de ningún estudio científico. Lo que sí sabemos es que salir suele ser un proceso con idas y vueltas, y que volver una vez no significa haber fracasado.
¿Qué secuelas deja una relación así?
A menudo más de las que se ven. En el estudio de Day, Bourke, Townsend y Grenyer (2019), con 683 parejas y familiares, la carga que referían superaba a la de quienes cuidan a personas con trastornos mentales graves. El 69 % cumplía criterios de depresión y el 82 % de ansiedad.
La violencia psicológica deja huella por sí sola. Una revisión con 194 estudios (Dokkedahl y cols., 2022) la relacionó con estrés postraumático, depresión y ansiedad, incluso sin que hubiera violencia física. El control coercitivo se asociaba especialmente al estrés postraumático.
En España, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024, una de cada cuatro mujeres ha sufrido violencia psicológica de control por parte de una pareja o expareja, y una de cada cinco violencia psicológica emocional. El 73,5 % de las que vivieron violencia física, sexual o emocional tuvo consecuencias psicológicas, y solo el 16,8 % denunció.
No toda relación con una persona con rasgos narcisistas es violencia, ni toda violencia viene de alguien con estos rasgos. Pero cuando hay humillación, control o miedo, conviene llamarlo por su nombre. Es habitual salir con la autoestima tocada, desconfiando del propio juicio y con miedo a volver a equivocarse. No es exageración. Es lo esperable después de lo vivido.
¿Puede cambiar la otra persona?
Puede, pero no depende de ti. El narcisismo tiende a bajar con la edad. Wetzel y cols. (2020) siguieron a casi quinientas personas durante 23 años y vieron un descenso claro entre los 18 y los 41, aunque quienes eran más narcisistas de jóvenes lo seguían siendo en comparación con los demás.
Hepper, Hart y Sedikides (2014) encontraron que las personas con rasgos narcisistas empatizan más cuando se les pide expresamente que se pongan en el lugar del otro. A menudo pueden, pero no lo hacen. Eso explica esa sensación de que te entiende perfectamente y aun así nada cambia.
El tratamiento del trastorno existe y puede ayudar, pero el cambio es lento, exige que la persona quiera implicarse y el abandono es frecuente (Weinberg y Ronningstam, 2022). Tu vida no puede quedarse en pausa esperándolo.
Un apunte importante. Cuando en una relación hay humillaciones, control o miedo, la terapia de pareja no es el recurso indicado, porque puede volverse en contra de quien sufre el daño. En esos casos lo prioritario es tu seguridad y tu propio proceso.
¿Cómo se trabaja en terapia?
Poniendo el foco en ti. La revisión Cochrane de Hameed y cols. (2020), con 33 ensayos y más de 5.500 mujeres que habían sufrido violencia en la pareja, concluyó que la terapia psicológica probablemente reduce la depresión y puede reducir la ansiedad.
En consulta solemos trabajar en varias direcciones. Recuperar la confianza en lo que percibes y sientes, después de mucho tiempo dudando de ello. Entender por qué el vínculo engancha, para que la nostalgia no se confunda con amor. Aprender a poner límites y a sostenerlos. Y, cuando hay síntomas de estrés postraumático, abordarlos con técnicas centradas en el trauma.
También miramos, sin culpas, qué hace que ciertas dinámicas cuesten más de soltar. Si te reconoces en la necesidad constante de confirmación, quizá te interese nuestro artículo sobre el apego ansioso. No porque atraigas a nadie, que no hay evidencia sólida de eso, sino porque entenderlo te ayuda a protegerte.
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Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si mi pareja es narcisista?
No hace falta saberlo, y un artículo no puede decírtelo. Solo un profesional que evalúe a esa persona puede hacer un diagnóstico. Lo útil es preguntarte cómo te sientes tú en la relación, si tienes miedo, si dudas todo el rato de ti o si has dejado de ser quien eras.
¿Existe el love bombing?
La experiencia de recibir una avalancha de atención al principio de una relación es real, pero el término tiene poco respaldo científico. El estudio que suele citarse es un trabajo universitario, no una investigación consolidada.
¿Funciona el contacto cero?
Tiene sentido, porque corta la alternancia de buenos y malos momentos que mantiene el vínculo, pero no hay ensayos que lo evalúen como técnica. Cuando hay hijos en común no siempre es posible, y ahí se trabaja un contacto mínimo y centrado en lo práctico.
¿Hay personas que atraen a los narcisistas?
No hay evidencia sólida de ello. Lo que muestra la investigación es que a casi todo el mundo le atraen estos rasgos al principio, y que quedarse se explica por la dinámica de la relación y por la situación de cada persona.
¿Es lo mismo abuso narcisista que violencia psicológica?
Abuso narcisista es un término de redes, no una categoría clínica. Lo que describe suele encajar en lo que la psicología y la ley llaman violencia psicológica o control coercitivo.
Bibliografía
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- Campbell, W. K., Foster, C. A. y Finkel, E. J. (2002). Does self-love lead to love for others? A story of narcissistic game playing. Journal of Personality and Social Psychology, 83(2), 340-354.
- Day, N. J. S., Bourke, M. E., Townsend, M. L. y Grenyer, B. F. S. (2019). Pathological narcissism. A study of burden on partners and family. Journal of Personality Disorders, 33(11), 799-813.
- Day, N. J. S., Townsend, M. L. y Grenyer, B. F. S. (2020). Living with pathological narcissism. A qualitative study. Borderline Personality Disorder and Emotion Dysregulation, 7, 19.
- Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género (2025). Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024. Ministerio de Igualdad.
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- Dutton, D. G. y Painter, S. (1993). Emotional attachments in abusive relationships. A test of traumatic bonding theory. Violence and Victims, 8(2), 105-120.
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- Leckelt, M., Küfner, A. C. P., Nestler, S. y Back, M. D. (2015). Behavioral processes underlying the decline of narcissists’ popularity over time. Journal of Personality and Social Psychology, 109(5), 856-871.
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- Stinson, F. S. y cols. (2008). Prevalence, correlates, disability, and comorbidity of DSM-IV narcissistic personality disorder. Journal of Clinical Psychiatry, 69(7), 1033-1045.
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- Weinberg, I. y Ronningstam, E. (2022). Narcissistic personality disorder. Progress in understanding and treatment. Focus, 20(4), 368-377.
- Wetzel, E., Grijalva, E., Robins, R. W. y Roberts, B. W. (2020). You’re still so vain. Changes in narcissism from young adulthood to middle age. Journal of Personality and Social Psychology, 119(2), 479-496.
- Wurst, S. N. y cols. (2017). Narcissism and romantic relationships. The differential impact of narcissistic admiration and rivalry. Journal of Personality and Social Psychology, 112(2), 280-306.

Sara Berrocal
Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº 2482
Dirige Psicología Dharma, con consulta en Torremolinos y Rincón de la Victoria. Trabaja con población adulta en ansiedad, vínculos y procesos de cambio personal. Ver perfil completo
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