
Escrito y revisado por Sara Berrocal, Psicóloga General Sanitaria, colegiada nº 2482
Mareo en mitad del supermercado. Falta de aire sin haber subido ninguna escalera. El corazón acelerado un martes por la tarde, sin motivo. Vas al médico, te hacen analítica y electrocardiograma, y todo sale bien.
Si estás ahí, lo primero: esos síntomas existen y se pueden medir. Tienen una explicación fisiológica que vamos a contarte. También vamos a contarte qué señales obligan a volver al médico antes de dar nada por sentado, y qué sabemos hoy sobre lo que ayuda.
Qué significa somatizar
Somatizar es una palabra que usa todo el mundo y que no aparece en ningún manual diagnóstico. Nombra algo real, pero tiene un efecto secundario molesto: suena a que la persona se lo provoca y podría dejar de provocárselo si se lo propusiera.
Lo que pasa dentro del cuerpo se explica sin misterio. Cuando el organismo detecta una amenaza, el corazón bombea más rápido, la respiración se acelera, los músculos se tensan y la digestión pasa a segundo plano. Es la reacción que nos permitió sobrevivir. Funciona bien cuando la amenaza dura tres minutos. Deja de funcionar cuando dura tres meses.
El síntoma no es falso. Lo que falla es el interruptor.
Cómo se llama esto en la clasificación clínica
Cuando estos síntomas se instalan y empiezan a ocupar la vida de la persona, hay dos categorías diagnósticas de referencia.
El trastorno de síntomas somáticos del DSM-5-TR (2022) pide tres cosas: uno o más síntomas físicos que molestan o alteran el día a día; una respuesta desproporcionada a ellos, que puede ser preocupación persistente por su gravedad, ansiedad sobre la salud o mucho tiempo dedicado al tema; y que la situación se prolongue, normalmente más de seis meses.
La CIE-11 de la OMS recoge un cuadro equivalente bajo el nombre de trastorno de distrés corporal (código 6C20): síntomas corporales que generan malestar y una atención excesiva puesta en ellos que no se calma con la exploración médica ni con la tranquilización.
| Trastorno de síntomas somáticos (DSM-5-TR) | Trastorno por ansiedad de enfermedad | Trastorno de distrés corporal (CIE-11) | |
|---|---|---|---|
| Qué domina el cuadro | Los síntomas físicos y la reacción a ellos | El miedo a tener o contraer una enfermedad | Los síntomas corporales y la atención puesta en ellos |
| Síntomas físicos | Presentes y molestos | Leves o ausentes | Presentes y molestos |
| ¿Exige que no haya causa médica? | No | No | No |
| Duración | Más de 6 meses | Al menos 6 meses | Persistente |
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Ya no hace falta que el síntoma sea «inexplicable»
Hasta el DSM-IV, todo esto se agrupaba como «trastornos somatomorfos» y exigía que los síntomas fueran médicamente inexplicables. El DSM-5 tiró ese criterio en 2013. Dos motivos: dos médicos distintos rara vez coinciden en si un síntoma tiene explicación o no, y el criterio daba por buena una frontera entre mente y cuerpo que no existe.
Para muchos pacientes esto cambia bastante las cosas. Puedes tener una enfermedad diagnosticada y además un trastorno de síntomas somáticos. Tener una patología real no te descalifica ni convierte tu sufrimiento en algo menor. Un estudio poblacional de Creed y colaboradores (2012) encontró que el número de síntomas somáticos que refiere una persona predice su estado de salud tenga o no explicación médica cada uno de ellos.
¿Llevas meses así y las pruebas no explican nada?
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Cuánta gente está en esta situación
Bastante más de la que parece, aunque las cifras bailan según cómo se mida.
Una revisión sistemática de 32 estudios en 24 países, con 70.085 pacientes de atención primaria (2015), encontró que entre el 26,2 % y el 34,8 % cumplían criterios de algún trastorno somatomorfo. Entre el 40,2 % y el 49 % contaban al menos un síntoma sin explicación médica. Una revisión posterior situó el trastorno de síntomas somáticos, medido con cuestionarios de autoinforme, entre el 6,4 % y el 17,4 % de la población general.
En España, Francisco Santolaya, desde el Consejo General de la Psicología, calcula que entre el 35 % y el 50 % de las consultas de atención primaria tienen detrás un problema psicológico, casi siempre ansiedad o depresión. Un trabajo hecho en centros de salud españoles durante la crisis económica (Gili y cols., 2013) registró un 7,3 % de somatizaciones, un 8,4 % de ansiedad generalizada y un 19,4 % de depresión mayor.
Una precisión sobre las cifras españolas: el estudio epidemiológico grande, ESEMeD (Haro y cols., Medicina Clínica, 2006), que situó la prevalencia de trastornos de ansiedad a lo largo de la vida en torno al 9,4 %, recogió los datos entre 2001 y 2002. Sigue siendo la referencia, pero tiene más de veinte años.
Por qué el cuerpo hace esto
No hay un solo mecanismo. Hay varios funcionando a la vez.
El desgaste de estar siempre en guardia
Ante una amenaza, el hipotálamo pone en marcha una cadena hormonal que acaba liberando cortisol. Útil y necesaria. El problema llega cuando el sistema no se apaga. Bruce McEwen le puso nombre a ese desgaste acumulado: carga alostática.
Un apunte, porque circula mucha divulgación imprecisa: no siempre que hay estrés sube el cortisol. En el trastorno de estrés postraumático suele aparecer bajo.
Respirar de más
Este es el mecanismo que explica más síntomas, y casi nadie lo cuenta.
Cuando respiras por encima de lo que tu cuerpo necesita, baja el dióxido de carbono en sangre. Eso provoca dos cosas.
La primera: el flujo de sangre al cerebro cae alrededor de un 2 % por cada milímetro de mercurio que desciende la presión parcial de CO₂. Menos riego significa mareo, vista borrosa, sensación de irrealidad, flojera.
La segunda: la sangre se alcaliniza y baja el calcio disponible. De ahí los hormigueos, casi siempre alrededor de la boca y en las manos. En episodios intensos aparecen espasmos en manos y pies. Mogyoros y su equipo (1991) midieron que en personas sanas los hormigueos empiezan cuando el CO₂ alveolar baja de media unos 20 mmHg.
Esto importa porque el síndrome de hiperventilación se diagnostica poco y explica muchos cuadros que asustan por parecer neurológicos.
Cómo interpreta el cerebro lo que pasa dentro
Aquí está la línea de investigación más interesante de los últimos años. Paulus y Stein propusieron en 2006, en Biological Psychiatry, que la ansiedad nace de señales corporales confusas y de una reacción exagerada ante ellas. Los modelos de codificación predictiva (Barrett y Simmons, Nature Reviews Neuroscience, 2015) van más allá: el cerebro no espera a recibir información del cuerpo, la anticipa. Si esa anticipación está sesgada hacia el peligro, una subida normal de pulsaciones deja de leerse como activación y pasa a leerse como infarto.
De ahí salen dos ideas que usamos en consulta: la sensibilidad a la ansiedad, que es el miedo a las propias sensaciones corporales, y la amplificación somatosensorial, que es notar lo que pasa dentro con más intensidad de la habitual.
El intestino y la cabeza
El síndrome de intestino irritable se entiende hoy como un trastorno de la relación entre el intestino y el cerebro, que se comunican en ambas direcciones. Su prevalencia mundial se estima en un 9,2 % con criterios Roma III y en un 3,8 % con los criterios Roma IV, más estrictos (Oka y cols., The Lancet Gastroenterology & Hepatology, 2020, sobre 53 estudios de 38 países y 395.385 participantes).
Los síntomas más habituales
| Síntoma | Qué lo produce |
|---|---|
| Mareo, inestabilidad | Hiperventilación; si se cronifica, mareo perceptual-postural persistente |
| Falta de aire, suspiros | Percepción alterada de la respiración con oxígeno normal |
| Taquicardia, palpitaciones | Activación del sistema nervioso simpático |
| Opresión en el pecho | Tensión de la musculatura intercostal e hiperventilación |
| Dolor de estómago, náuseas | Eje intestino-cerebro, hipersensibilidad visceral |
| Nudo en la garganta | Globo faríngeo; supone alrededor del 4 % de las derivaciones a otorrino |
| Hormigueos | Bajada del calcio disponible por alcalosis |
| Contracturas, dolor de cabeza tensional | Músculos activados de forma sostenida |
| Bruxismo | Activación autonómica |
| Cansancio que no se va con dormir | Carga alostática |
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Sobre el bruxismo hay que matizar. Una revisión sistemática encontró que apretar los dientes durante el día se asocia a más probabilidad de cefalea tensional (odds ratio 5,23; IC 95 %: 2,57-10,65), mientras que el bruxismo nocturno no mostró relación clara. Los propios autores calificaron esa evidencia como de calidad baja o muy baja.
Cuándo hay que volver al médico
Señales que obligan a volver al médico
- El cuadro empieza de golpe en la edad media o avanzada y nunca habías tenido ansiedad
- Los síntomas aparecen al hacer esfuerzo físico
- Hay algo objetivo: un electro alterado, pérdida de peso que nadie explica, un desmayo de verdad con pérdida de conciencia
Lo que suele hacerse en atención primaria es historia clínica, exploración, analítica con hemograma, tiroides y glucosa, y electrocardiograma. Las pruebas más complejas se reservan para casos con señales de alarma concretas, y que no te las hagan no significa que tu caso no importe.
Hay un equilibrio delicado en todo esto. La evaluación médica está para cerrar el asunto, no para reabrirlo cada mes. Repetir por cuarta vez unas pruebas que ya salieron bien no da tranquilidad: alimenta lo contrario.
Ya te han mirado y todo sale bien, pero tú sigues igual
Es un motivo de consulta frecuente. Escríbenos y lo valoramos juntas.
Por qué buscar tranquilidad todo el rato juega en contra
Preguntar en casa si tienes mala cara. Tomarte el pulso cuatro veces al día. Buscar los síntomas en internet a las dos de la mañana. Pedir otra cita para que te lo miren otra vez.
Todo eso calma. El problema es que la calma dura cada vez menos. Es el mismo mecanismo de la tolerancia: la siguiente vez necesitas más tranquilización para conseguir el mismo alivio, y acabas comprobando más a menudo que al principio.
Salkovskis describió esto dentro del modelo cognitivo-conductual, y sus trabajos muestran que ir reduciendo esas comprobaciones durante la terapia se asocia a mejoría. Cuesta creerlo hasta que se prueba, pero dejar de comprobar es tratamiento, no una consecuencia del tratamiento.
Qué funciona, según los estudios
La referencia principal es la revisión Cochrane de van Dessel y colaboradores (2014, CD011142), que reunió 21 estudios y 2.658 participantes. La terapia psicológica salió mejor parada que el tratamiento habitual en gravedad de los síntomas, con una diferencia de medias estandarizada de −0,34 (IC 95 %: −0,53 a −0,16). Analizada por separado, la terapia cognitivo-conductual obtuvo −0,37 (IC 95 %: −0,69 a −0,05), y el efecto seguía ahí al año.
Vamos a ser claras con lo que significan esos números: son efectos reales, pero moderados. La propia revisión califica la calidad de la evidencia de baja a moderada. Si alguien te promete que en ocho sesiones esto desaparece, desconfía.
Otras opciones con respaldo:
Una red de metaanálisis reciente sobre distrés corporal en adultos, con 74 estudios y 8.277 participantes, situó el efecto de la terapia cognitivo-conductual en torno a d = −0,50 y encontró eficaces también los tratamientos basados en aceptación y mindfulness frente a grupos control sin intervención.
La terapia de aceptación y compromiso tiene metaanálisis que la sitúan en g = 0,55-0,57 en problemas de salud mental y física, aunque los estudios específicos en trastorno de síntomas somáticos todavía son pocos.
El biofeedback de variabilidad cardíaca redujo de forma amplia el estrés y la ansiedad autoinformados en el metaanálisis de Goessl y cols. (Psychological Medicine, 2017; 24 estudios, 484 participantes; g ≈ 0,81-0,83). Los propios autores pidieron estudios mejor controlados antes de sacar conclusiones firmes.
El entrenamiento respiratorio encaja con el mecanismo de la hiperventilación y funciona como una pieza del tratamiento, no como el tratamiento entero.
Sobre los libros que todo el mundo cita
Hay tres referencias que aparecen siempre que se habla de cuerpo y emociones. Te contamos en qué punto están.
«El cuerpo lleva la cuenta», de Bessel van der Kolk. Un libro que ha ayudado a mucha gente a poner palabras a lo que le pasaba, y que también ha recibido críticas metodológicas duras. Scheeringa publicó en 2025 en BJPsych Bulletin un análisis de 122 afirmaciones concretas del libro: 42 sobre neurobiología, 51 sobre eficacia de tratamientos y 29 sobre otros temas. Su conclusión es que las dos tesis centrales, el daño cerebral producido por el trauma y la superioridad de las terapias corporales, no se sostienen con la investigación disponible hoy.
Gabor Maté y la represión emocional como causa de enfermedad. Una hipótesis clínica interesante, con mucha capacidad de conectar con la experiencia de la gente. De momento es eso, una hipótesis, no un hallazgo establecido.
La teoría polivagal de Stephen Porges. Se cita constantemente como si fuera consenso, y no lo es. Grossman y Taylor la cuestionaron en 2007, y Grossman volvió a hacerlo en 2023 en el Journal of Psychosomatic Research, sosteniendo que sus premisas neuroanatómicas y evolutivas no encajan con la evidencia. Porges ha respondido en la misma revista. El debate sigue vivo.
Te lo contamos porque si un profesional te vende cualquiera de estos tres modelos como ciencia cerrada, te está dando una versión incompleta.
Cómo está la cosa en España
Conseguir tratamiento psicológico en la sanidad pública española es difícil. Los datos recogidos por la OCU en 2024 hablan de 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes frente a una media europea de 18. Mientras tanto, España está entre los países que más benzodiazepinas consumen del mundo: unas 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes en 2020, según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.
Hay un contrapunto interesante. El ensayo PsicAP, dirigido por Antonio Cano Vindel, aplicó terapia cognitivo-conductual en grupo dentro de los centros de salud y obtuvo alrededor de un 70 % de remisión en ansiedad y depresión, frente a poco más del 20 % del tratamiento habitual. La psicoterapia funciona en atención primaria. El problema es que apenas hay quien la aplique.
Dónde pedir cita.
Psicóloga en Torremolinos, Rincón de la Victoria y online
En España la atención psicológica sanitaria la ejercen el psicólogo general sanitario y el psicólogo especialista en psicología clínica. Ambos tienen colegiación obligatoria, así que puedes pedir el número de colegiado y comprobarlo en el Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental antes de empezar con nadie.
En Psicología Dharma vemos con frecuencia esta situación concreta: meses de síntomas físicos, pruebas normales y la sensación de que nadie termina de explicar qué está pasando. Trabajamos presencialmente en nuestros dos centros y también online, que a mucha gente le cuadra mejor por horarios o por distancia.
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Preguntas frecuentes
¿Son peligrosos los síntomas físicos de la ansiedad?
Una vez descartada la causa médica, no. Incapacitan mucho, eso sí. Lo que no se puede hacer es dar por hecho que son ansiedad sin que un médico los haya valorado antes.
¿Puedo tener una enfermedad y a la vez somatizar?
Sí. Desde 2013 el diagnóstico no exige que los síntomas carezcan de explicación médica. Se puede tener una patología diagnosticada y además una respuesta psicológica desproporcionada que necesite tratamiento propio.
¿Cuánto tarda en mejorar?
Depende del tiempo que lleves así, de si hay otros problemas asociados y de tu situación. Los estudios muestran mejorías moderadas que se mantienen al año, pero no todo el mundo responde igual y nadie serio te va a garantizar un resultado.
¿Voy a necesitar medicación?
Eso lo decide un médico, no un psicólogo. La terapia psicológica tiene evidencia por sí sola para estos cuadros, y en algunos casos se combina con fármacos prescritos por el médico de familia o el psiquiatra. En nuestra consulta no prescribimos.
¿Qué diferencia hay entre somatizar y ser hipocondríaco?
En el trastorno de síntomas somáticos hay síntomas físicos presentes que molestan, y lo problemático es la reacción a ellos. En el trastorno por ansiedad de enfermedad, lo que antes se llamaba hipocondría, apenas hay síntomas físicos y lo que manda es el miedo a tener o coger una enfermedad grave.
¿La terapia online sirve para esto?
Sí. Los tratamientos con evidencia son básicamente conversación y práctica entre sesiones, así que funcionan igual por videollamada. Para mucha gente además es la diferencia entre ir a terapia o no ir.
Bibliografía
- American Psychiatric Association (2022). DSM-5-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, 5.ª ed., texto revisado.
- Organización Mundial de la Salud. CIE-11, código 6C20: trastorno de distrés corporal.
- Creed, F. y cols. (2012). Estudio poblacional sobre síntomas somáticos y estado de salud.
- Haro, J. M. y cols. (2006). Prevalencia de los trastornos mentales y factores asociados: resultados del estudio ESEMeD-España. Medicina Clínica.
- Gili, M. y cols. (2013). Trastornos mentales en atención primaria durante la crisis económica en España.
- Paulus, M. P. y Stein, M. B. (2006). An insular view of anxiety. Biological Psychiatry.
- Barrett, L. F. y Simmons, W. K. (2015). Interoceptive predictions in the brain. Nature Reviews Neuroscience.
- Oka, P. y cols. (2020). Global prevalence of irritable bowel syndrome. The Lancet Gastroenterology & Hepatology.
- Mogyoros, I. y cols. (1991). Parestesias y tetania inducidas por hiperventilación voluntaria.
- van Dessel, N. y cols. (2014). Non-pharmacological interventions for somatoform disorders. Cochrane Database of Systematic Reviews, CD011142.
- Goessl, V. C. y cols. (2017). The effect of heart rate variability biofeedback training on stress and anxiety: a meta-analysis. Psychological Medicine.
- Grossman, P. (2023). Fundamental challenges and likely refutations of the five basic premises of the polyvagal theory. Journal of Psychosomatic Research.
- Scheeringa, M. (2025). Evaluating evidence behind popular trauma narratives: neurobiological and treatment claims in The Body Keeps the Score. BJPsych Bulletin.
- Cano Vindel, A. y cols. Ensayo PsicAP: tratamiento psicológico de los trastornos emocionales en atención primaria.
- OCU (2024). Datos sobre ratio de psicólogos clínicos en España y la Unión Europea.

Sara Berrocal
Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº 2482
Dirige Psicología Dharma, con consulta en Torremolinos y Rincón de la Victoria. Trabaja con población adulta en ansiedad, vínculos y procesos de cambio personal. Ver perfil completo
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